La ansiedad es la más común y universal de las emociones. Según definiciones de manual, la sensación de ansiedad podría definirse como una reacción de tensión sin causa, más difusa y menos focalizada que los miedos y las fobias. Una reacción emocional ante un peligro o amenaza se manifiesta mediante un conjunto de respuestas tanto fisiológicas, cognitivas y conductuales.
Como suelen decir los especialistas, la ansiedad es un mecanismo adaptativo natural que nos permite ponernos alerta ante sucesos comprometidos. En realidad, un cierto grado de ansiedad proporciona un componente adecuado de precaución en situaciones especialmente peligrosas. Una ansiedad moderada puede ayudarnos a mantenernos concentrados y afrontar los retos que tenemos por delante.
En ocasiones, sin embargo, el sistema de respuesta a la ansiedad se ve desbordado y funciona incorrectamente. Más concretamente, la ansiedad es desproporcionada con la situación e incluso, a veces, se presenta en ausencia de cualquier peligro real. El sujeto se siente paralizado con un sentimiento de indefensión y, en general, se produce un deterioro del funcionamiento psicosocial y fisiológico.
Se dice que cuando la ansiedad se presenta en momentos inadecuados o es tan intensa y duradera que interfiere con las actividades normales de la persona, entonces se la considera como un trastorno.
Para intentar explicar este trastorno en forma sencilla y sin definiciones tan académicas, podría decirse que la ansiedad es en sí una reacción de “miedo”. Si bien el miedo por sí mismo es muy útil y perfectamente natural, el problema sobreviene cuando no hay una razón racional para sentir esa angustia.
Para nuestros antepasados huir cuando venía un tigre a comérselos era una reacción perfectamente lógica pero, ¿que ocurre con aquellas personas que reaccionan aún si no hay ningún tigre¿ ¿Porqué salir corriendo? Este es un claro ejemplo de los mecanismos que se activan cuando se sufre de ansiedad.
La reacción de alarma en la ansiedad, en ese caso es excesiva y prepara al organismo para enfrentarse ante un peligro que no existe, convirtiéndose en algo perjudicial. De esta manera, el pulso y la respiración se aceleran, la transpiración se dispara y se produce tensión muscular.
Para intentar graficar los efectos que puede producir la ansiedad en el cuerpo humano, podría decirse que cuando una persona sufre este problema, tiende a exagerar sus problemas, a preocuparse en exceso antes de que ocurran, a esperar lo peor y a decirse a sí misma que, cuando lleguen esos momentos difíciles, no será capaz de hacerles frente.
Por otra parte, al notar los síntomas propios de la ansiedad, tenderá a pensar que está físicamente enferma y que algo terrible le va a ocurrir. Este pensamiento no hará sino aumentar esos síntomas. Es más; antes de que ocurran algunas de esas situaciones, dará por supuesto que va a ponerse nerviosa, lo que, efectivamente, le pondrá más nerviosa, activando círculos viciosos de los que cada vez es más difícil salir.